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El mundo busca equilibrio: EE. UU., China y Europa redibujan el poder global

Donald Trump y Xi Jumping durante la cumbren del G20 de Osaka, Japan / Kevin Lamarque (Reuters)

 

Tras un acuerdo preliminar entre Washington y Pekín, Europa intenta mantener su autonomía en un nuevo orden político y económico que reconfigura las reglas del juego. España, entre la oportunidad y la vulnerabilidad.

Madrid, 26 de octubre de 2025.
La política y la economía mundiales viven un punto de inflexión. Estados Unidos y China alcanzaron en Kuala Lumpur un acuerdo preliminar para estabilizar sus relaciones comerciales, según confirmaron este sábado el Ministerio de Comercio chino y fuentes de la Casa Blanca. El pacto, que será refrendado por Donald Trump y Xi Jinping en las próximas semanas, busca detener la escalada arancelaria y establecer un marco de cooperación tecnológica “bajo condiciones de seguridad nacional”.

El anuncio, que ha provocado una ligera recuperación en los mercados asiáticos y europeos, marca una pausa en la guerra comercial más intensa de las últimas décadas, pero también confirma el tránsito hacia un mundo multipolar en el que las tres grandes potencias —Estados Unidos, China y la Unión Europea— compiten por definir las normas del siglo XXI.

Durante meses, Washington y Pekín habían intercambiado tarifas históricas que afectaban a cientos de miles de millones de dólares en bienes. Las sanciones estadounidenses a los semiconductores chinos y las restricciones tecnológicas recíprocas amenazaban con dividir el comercio mundial en dos bloques. Pese al acuerdo anunciado, las tensiones estructurales persisten: Estados Unidos exige garantías de propiedad intelectual y control sobre exportaciones estratégicas, mientras China reclama el levantamiento progresivo de sanciones a sus empresas tecnológicas.

Analistas de Reuters y Bloomberg coinciden en que esta tregua es “táctica, no definitiva”. El equilibrio global sigue pendiente de una definición clara: si predominará la cooperación o el enfrentamiento. Entretanto, otros actores —desde India hasta Brasil o los países del Golfo— aprovechan la oportunidad para reforzar su influencia en un tablero cada vez más fragmentado.

Europa observa los acontecimientos con cautela. Tras su reciente acuerdo comercial con Washington, en el que aceptó concesiones arancelarias para evitar un conflicto abierto, Bruselas refuerza su discurso de “autonomía estratégica”, aunque la dependencia económica y militar de Estados Unidos limita su margen de maniobra. “La estabilidad entre Washington y Pekín es esencial, pero Europa no puede ser un simple espectador; debe tener voz y reglas propias”, declaró el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel.

Para la Unión Europea, el dilema no es menor: seguir orbitando alrededor de Washington o definir una política exterior más independiente. En un contexto de tensiones en Ucrania, Oriente Medio y el Indo-Pacífico, los líderes europeos intentan mantener un difícil equilibrio entre la lealtad atlántica y la necesidad de defender intereses propios.

En el caso de España, los efectos de esta rivalidad se sienten con claridad. Los sectores industrial y tecnológico podrían beneficiarse si el comercio mundial se estabiliza, pero las empresas españolas dependen de cadenas de suministro aún tensionadas por el proteccionismo. La automoción, las energías renovables y la tecnología —tres pilares de la economía nacional— miran con atención las futuras reglas del comercio digital y los nuevos aranceles.

Fuentes del Ministerio de Economía señalan que “la desescalada comercial puede aliviar los precios y favorecer la inversión extranjera, pero el desafío será mantener la competitividad europea a largo plazo”. España, además, intenta reforzar sus lazos con Asia sin romper la cohesión europea: el Plan de Acción España-China 2025–2028 sigue en marcha, y el Gobierno busca equilibrar sus relaciones tanto con Pekín como con Washington.

El Alto Representante de la UE, Josep Borrell, advirtió que “una tregua comercial no es el fin de la guerra económica; el verdadero desafío es restaurar la confianza internacional”. Por su parte, José Juan Ruiz, presidente del Real Instituto Elcano, sostiene que “Europa debe decidir si asume los costes de la autonomía estratégica o sigue aceptando la tutela de Estados Unidos”.

El nuevo escenario global no se definirá en meses, sino en años de reajuste diplomático, tecnológico y jurídico, donde el Derecho Internacional y los acuerdos comerciales jugarán un papel determinante. La rivalidad entre las superpotencias ha entrado en una fase de equilibrio inestable: si la cooperación prevalece sobre la confrontación, el mundo podría salir fortalecido; si no, los próximos años estarán marcados por fragmentación y desconfianza.

Para España y para Europa, la lección es clara: solo con visión estratégica, independencia económica y respeto a las normas internacionales podrán navegar con éxito en el nuevo orden mundial.