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Catar advierte que el proceso de paz en Gaza atraviesa una fase decisiva

Mientras el presidente estadounidense Donald Trump se prepara para anunciar la segunda fase de su plan de paz para Gaza, Catar advierte que las negociaciones sobre el enclave palestino atraviesan un “momento crítico” y urge a avanzar hacia una solución permanente.

El aviso lo dio este sábado el primer ministro catarí, jeque Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, durante el Foro de Doha, un encuentro internacional celebrado en la capital de Catar. Al Thani aseguró que lo logrado hasta ahora en Gaza es apenas una “pausa” en las hostilidades, y que un verdadero alto el fuego “no puede completarse a menos que haya una retirada total” del ejército israelí de la Franja, junto con el restablecimiento de la estabilidad y la libertad de movimiento para los habitantes del territorio. Estas condiciones, recalcó, “todavía no se dan” sobre el terreno. “Nos encontramos en un momento crítico. Aún no lo hemos conseguido. Lo que acabamos de hacer es solo una pausa”, afirmó el dirigente, enfatizando que la tregua actual es frágil y que peligra si no se consolida con medidas políticas de fondo.

Catar ha trabajado conjuntamente con Turquía, Egipto y Estados Unidos para consolidar el plan de paz propuesto por la administración Trump, cuya primera fase se puso en marcha el pasado 10 de octubre. En esa etapa inicial, Hamás –la milicia islamista gobernante en Gaza– se comprometió a liberar a todos los rehenes israelíes que permanecían en su poder (de los cuales solo quedaba uno por entregar a inicios de diciembre), a cambio de la excarcelación de cientos de prisioneros palestinos. Asimismo, Israel aceptó retirar sus tropas de una parte del enclave hasta una línea acordada y ambas partes declararon un alto el fuego. Esa tregua permitió, por ejemplo, que Hamás liberase a 20 rehenes con vida y entregase los restos de 27 cautivos fallecidos, mientras Israel excarceló a alrededor de 2.000 detenidos palestinos, incluidos mujeres y menores.

Sin embargo, aunque los combates abiertos disminuyeron notablemente desde octubre, Israel ha mantenido operaciones militares en Gaza durante la tregua, alegando que sus ataques van dirigidos contra infraestructura de Hamás todavía activa. Las autoridades gazatíes denuncian que desde el inicio de la pausa más de 360 palestinos han muerto a causa del fuego israelí, subrayando la fragilidad del cese de las hostilidades. La situación humanitaria en la Franja sigue siendo crítica: tras dos años de guerra, vastas zonas de Gaza están devastadas, y organismos locales cifran en más de 67.000 los palestinos fallecidos desde el estallido del conflicto en 2023. La comunidad internacional ha expresado gran preocupación por estas cifras y por el sufrimiento de la población civil, aumentando la presión para alcanzar un alto el fuego duradero.

Negociaciones en curso para la segunda fase. Pese a la inestabilidad sobre el terreno, los mediadores internacionales ya trabajan en la siguiente fase del plan de paz. Esta nueva etapa –que Trump podría presentar oficialmente en los próximos días– contempla la formación de un gobierno tecnocrático palestino provisional en Gaza, supervisado por una “junta de paz” internacional integrada por líderes extranjeros y respaldado por una fuerza de seguridad multinacional. El objetivo es estabilizar la Franja tras el alto el fuego, garantizar la seguridad y preparar el camino para una administración civil sostenible.

La segunda fase incluye también medidas de gran calado político y militar: se plantea el desarme completo de Hamás, organización que además debería renunciar al poder en Gaza, y una eventual retirada total de las tropas israelíes del territorio. No obstante, persisten serios escollos para implementar estos pasos. Por un lado, Hamás se resiste a entregar su arsenal y rechaza la idea de ceder el control de Gaza a una entidad extranjera, como la junta de paz propuesta. Si bien el grupo islamista ha admitido que no formará parte del futuro gobierno local tras la guerra, sus líderes exigen garantías firmes de que el conflicto no volverá a estallar antes de considerar cualquier rendición de armas. Por otro lado, Israel muestra reticencias respecto a la composición de la fuerza internacional: el gobierno de Benjamín Netanyahu se opone a la participación de algunos países, especialmente Turquía, por considerarlos demasiado próximos a Hamás. Esta discrepancia ha dificultado alcanzar un acuerdo sobre qué naciones contribuirían tropas y bajo qué mandato operarían para asegurar Gaza.

A pesar de estas dificultades, los esfuerzos diplomáticos continúan. En los últimos días, delegaciones de Israel y de las facciones palestinas han mantenido contactos indirectos con mediadores en Egipto, centrados en cumplir los compromisos pendientes de la primera fase –entre ellos la liberación del último rehén israelí que quedaba en Gaza– y en sentar las bases de la fase siguiente. Tanto el primer ministro Al Thani como el ministro de Exteriores egipcio, Badr Abdelatty, instaron este fin de semana a lograr cuanto antes un consenso sobre la estructura y el despliegue de la fuerza internacional, de modo que pueda cumplir su mandato de estabilización sin más demoras. Al Thani confirmó que se está intentando “avanzar con la siguiente fase” del plan de paz, y recalcó la urgencia de consolidar los progresos alcanzados antes de que la tregua precaria se rompa definitivamente.

La iniciativa de paz impulsada por Washington y Doha cuenta con un amplio respaldo internacional, pero también enfrenta dilemas de fondo. En octubre, poco después de declararse el alto el fuego, se celebró en París una reunión ministerial con representantes de una quincena de países occidentales y árabes –incluidos Estados Unidos, Francia, España, Reino Unido, Alemania, Italia, Egipto, Arabia Saudita, Jordania, Catar, Turquía, entre otros, además de la Unión Europea– para coordinar los pasos a seguir tras la guerra de Gaza. En ese encuentro, auspiciado por Francia, los participantes reiteraron su apoyo al plan de paz estadounidense y discutieron parámetros para el llamado “día después” del conflicto, abordando cuestiones de seguridad, gobernanza y reconstrucción de la Franja.

Los cancilleres allí reunidos subrayaron la necesidad de que el camino hacia la paz sea irreversible, tras varios intentos fallidos en los últimos dos años. De hecho, el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, declaró en París que el objetivo es “implementar la solución de dos Estados, uno israelí y uno palestino” como única vía para una paz duradera en Oriente Medio. Sin embargo, también afloraron advertencias y desacuerdos: el presidente francés Emmanuel Macron alertó en esa cita que la aceleración de la colonización israelí en Cisjordania constituye una amenaza para la creación de un Estado palestino viable, contradiciendo el espíritu del plan de Washington. Desde Jerusalén, el gobierno israelí calificó algunas de las propuestas internacionales de “perjudiciales”, expresando su temor de que las presiones externas condicionen su seguridad. Aun así, la posible conformación de una misión internacional de paz –eventualmente bajo mandato de la ONU– para garantizar la estabilidad en Gaza se debatió con interés: países como Italia e Indonesia se mostraron dispuestos a contribuir tropas a dicha fuerza, mientras diversas naciones árabes manifestaron apoyo en principio, aunque sin compromisos públicos firmes.

En Doha, el jeque Al Thani insistió en que esta segunda fase del plan de paz debe concebirse como una solución temporal, encaminada a “una solución duradera” más amplia. En última instancia, señaló, esa solución pasa por el establecimiento de un Estado palestino independiente, algo a lo que se opone abiertamente el actual Gobierno de Israel. “Si solo resolvemos lo ocurrido en Gaza, la catástrofe de los últimos dos años, no es suficiente”, advirtió el primer ministro catarí, recordando que el problema de fondo es el prolongado conflicto entre israelíes y palestinos. “Este conflicto tiene una raíz, y no se limita a Gaza”, agregó, en referencia a la cuestión palestina de fondo que permanece sin resolver. Al Thani expresó su esperanza de poder colaborar con la administración estadounidense para “hacer realidad esa visión” de una paz completa al final del proceso, pero reconoció que las diferencias sobre el terreno podrían frustrar los avances si no se afrontan de inmediato.

La advertencia de Catar subraya la delicadeza del momento actual: tras un breve periodo de calma relativa, el futuro del frágil alto el fuego en Gaza depende de que las partes cumplan sus promesas y de que la comunidad internacional consiga apuntalar un acuerdo más amplio. En las próximas jornadas, Trump tiene previsto dar a conocer los detalles de la segunda fase de su plan. La atención mundial estará puesta en si estos esfuerzos logran consolidar una paz estable para Gaza y allanar el camino hacia la solución definitiva del conflicto, o si por el contrario el proceso se estanca en este punto crítico, arriesgando un nuevo recrudecimiento de la violencia en Oriente Medio.