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Trump abre la puerta al envío de tropas terrestres a Irán para incautar su uranio

El fantasma de una intervención militar a gran escala en Oriente Medio cobra una nueva dimensión. Durante un vuelo a bordo del Air Force One con destino a Miami, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha planteado abiertamente la posibilidad de desplegar tropas terrestres en territorio iraní con un objetivo muy específico: tomar el control absoluto de sus reservas de uranio enriquecido.

Muestra de mineral de uranio. Washington acusa a Teherán de acumular uranio enriquecido para fabricar armamento nuclear, lo que podría desencadenar una nueva ofensiva en Irán con tropas terrestres.

Lejos de esquivar el tema, el mandatario estadounidense avivó las especulaciones ante la prensa que lo acompañaba. «Quizás en algún momento lo hagamos. Sería fantástico», confesó Trump, aunque rápidamente quiso matizar el nivel de inminencia de la operación, asegurando que es una estrategia que podrían ejecutar «más adelante», pero «no ahora».

La justificación nuclear de la Casa Blanca

Esta controvertida declaración se enmarca en la creciente narrativa de Washington para justificar su ofensiva contra el régimen de Teherán. La Casa Blanca sostiene que Irán ha cruzado líneas rojas en la acumulación de material radiactivo, situándose a un paso de conseguir la temida bomba atómica.

Las cifras manejadas por la administración estadounidense dibujan un escenario límite. Steve Witkoff, el enviado especial que lideró las recientes negociaciones indirectas con Teherán, detalló en una entrevista en Fox News que Irán posee actualmente «unos 460 kilogramos de uranio enriquecido al 60%». La verdadera amenaza, según Witkoff, es la velocidad de conversión: este material podría alcanzar el 90% de pureza —el grado exacto necesario para fabricar armamento nuclear— en un margen de apenas «una semana, quizás diez días».

La visión de la ONU: preocupación sin pruebas definitivas

Mientras Washington endurece su postura militar, los organismos internacionales exigen cautela y transparencia. Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de la ONU, ofreció una perspectiva matizada el pasado 3 de marzo.

A través de sus redes sociales, Grossi aclaró que, hasta el momento, «no hay pruebas de que Irán esté construyendo una bomba nuclear». Sin embargo, el máximo responsable atómico no ocultó su inquietud, señalando que el enorme arsenal de uranio casi apto para armas y la constante negativa de Teherán a conceder «pleno acceso» a los inspectores de la ONU representan un «motivo de grave preocupación» para la comunidad internacional.