La 36ª cumbre de la OTAN en Ankara ha arrancado bajo una tensión máxima que echa por tierra los intentos diplomáticos de los líderes europeos por proyectar una imagen de cohesión. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha aprovechado su aterrizaje en territorio turco para reabrir viejas heridas geopolíticas, ratificando su profunda desconfianza hacia la Alianza Atlántica y resucitando sus polémicas ambiciones territoriales.

Apenas pisar el palacio presidencial junto a su homólogo turco, Recep T. Erdogan, el mandatario republicano no ha escondido su malestar ante la falta de respaldo de los socios europeos en su reciente ofensiva militar contra Irán. En un giro que ha descolocado a las delegaciones internacionales, Trump ha vuelto a poner el foco sobre Groenlandia, insistiendo en que el territorio autónomo danés «debería estar bajo control de EE.UU.». Según el líder estadounidense, Copenhague ha dejado la zona desprotegida ante el avance de buques rusos y chinos, un argumento que utiliza para condicionar el peso de Washington en la Alianza.
La amenaza del vacío militar en suelo europeo
El aviso más severo de Trump ha ido dirigido a la arquitectura de seguridad del Viejo Continente. El magnate ha sugerido abiertamente la posibilidad de una retirada total de las tropas estadounidenses desplegadas en Europa, justificándolo en los profundos cambios geopolíticos de las últimas dos décadas. Asimismo, ha condicionado el paraguas de protección de la superpotencia a que los gobiernos europeos adopten posturas mucho más estrictas en áreas clave como la gestión migratoria y la soberanía energética, advirtiendo de que la continuidad de Europa está en riesgo si no actúan con urgencia.
Ni la promesa de multimillonarios contratos en la industria de defensa ni el aumento del gasto militar parecen haber aplacado el descontento de la Casa Blanca. Trump llegó a confesar que su asistencia a la cumbre responde casi exclusivamente al enorme despliegue de recepción organizado por Erdogan, con quien asegura mantener una sintonía política y personal impecable. De hecho, el presidente estadounidense ha adelantado que valora levantar las sanciones a Turquía por la compra de armamento ruso (los sistemas S-400) y reabrir la venta de los cazas F-35.
Tensión con el eje europeo y tregua con Meloni
En el plano de las alianzas internas, el republicano ha dirigido sus dardos de manera directa hacia las principales economías del continente —Francia, Italia, Reino Unido y Alemania—, cuestionando el retorno de la millonaria inversión que EE.UU. realiza en el pacto atlántico cuando, a su juicio, la reciprocidad brilla por su ausencia. Curiosamente, en esta ocasión, España ha quedado al margen de los reproches explícitos.
La nota llamativa de la jornada la ha protagonizado la primera ministra italiana, Giorgia Meloni. Tras las duras burlas vertidas por Trump en sus redes sociales apenas 24 horas antes —donde llegó a afirmar de forma irónica que necesitaba una «orden de alejamiento»—, el magnate ha suavizado el tono calificándola ahora como una «persona agradable». No obstante, no ha dudado en señalar que las tensiones bilaterales nacieron de la negativa de Roma a cooperar en la campaña de Washington en Oriente Medio.
Con la cumbre oficialmente inaugurada mediante una cena de Estado en el complejo presidencial de Bestepe, los líderes aliados se preparan para una sesión principal en la que el examen de Trump sobre los presupuestos de Defensa promete ser implacable.