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El Supremo de EE. UU. tumba los aranceles globales de Trump y desata un terremoto político

El alto tribunal dictamina que el presidente se extralimitó al usar una ley de emergencia nacional. Un Trump furioso carga contra los jueces y anuncia nuevos gravámenes del 10% para sortear la prohibición, mientras se niega a devolver 120.000 millones de dólares a las empresas afectadas.

Trump cargó duramente contra los magistrados del Supremo, a los que tachó de «desleales», y prometió una larga batalla legal para evitar la devolución de los 120.000 millones de dólares recaudados.

Donald Trump ha sufrido este viernes uno de los reveses legales y políticos más duros de su actual mandato. El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha asestado un golpe letal a la piedra angular de su política económica al dictaminar que sus aranceles globales son ilegales. La máxima instancia judicial concluyó que el presidente se excedió en sus poderes al ampararse en la Ley de Poder Económico de Emergencia Internacional (IEEPA), una normativa reservada para crisis de seguridad nacional.+2

El fin de la «vía rápida» presidencial

Con una mayoría de seis votos frente a tres, el tribunal —de clara mayoría conservadora— dejó sin efecto la arquitectura arancelaria de la Casa Blanca. El presidente del Supremo, John G. Roberts Jr., fue el encargado de redactar la opinión mayoritaria, argumentando que la IEEPA no otorga al jefe del Ejecutivo una autoridad ilimitada para imponer gravámenes de manera unilateral. Para medidas de tal magnitud, duración y alcance, el presidente necesita una autorización clara por parte del Congreso de los Estados Unidos.

Las tres juezas progresistas votaron junto a Roberts, pero el fallo contó también con el respaldo de otros magistrados conservadores, lo que evidencia el rechazo transversal a la extralimitación ejecutiva. Por su parte, los jueces Clarence Thomas, Samuel A. Alito Jr. y Brett M. Kavanaugh firmaron el voto particular en contra de la resolución.

La ira de Trump: ataques a «sus» jueces y un «Plan B»

La noticia sorprendió a Trump en plena reunión con gobernadores, provocando una reacción inmediata de furia. En una comparecencia posterior, el mandatario calificó la decisión de «desgracia» y dirigió sus ataques más feroces hacia Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett, dos de los magistrados que él mismo nominó para el cargo. Trump los tachó de «lacayos», «tontos» y «desleales a la Constitución», insinuando incluso que el tribunal había cedido ante intereses extranjeros.

Lejos de acatar la derrota comercial, Trump anunció una batería de contramedidas inmediatas:

  • Firmará una orden ejecutiva para imponer nuevos aranceles globales del 10% utilizando la sección 122 de la Ley de Comercio de 1974.
  • Esta vía legal permite fijar el impuesto por un máximo de cinco meses sin aval legislativo, aunque se trata de un mecanismo inédito que seguramente acabará de nuevo en los tribunales.
  • Abrirá investigaciones bajo la sección 301 de la misma ley para justificar medidas contra el «comercio desleal» sin tener que pasar por el Congreso.

La batalla por los 120.000 millones de dólares

El fallo no solo tiene implicaciones comerciales, sino que abre un gigantesco agujero fiscal. Desde el pasado abril, la Administración ha recaudado miles de millones bajo esta premisa ilegal. El Departamento del Tesoro calcula que la resolución podría obligar al Gobierno a reembolsar aproximadamente 120.000 millones de dólares, una cifra equivalente al 0,5% del PIB del país.

Sin embargo, Trump dejó claro que el dinero no volverá fácilmente a los bolsillos de los importadores: prometió hasta «cinco años de pleitos» para evitar las devoluciones. La Federación Nacional de Minoristas, por su parte, celebró el fallo exigiendo que esos reembolsos se efectúen para dar un impulso económico a las empresas y consumidores asfixiados por el sobrecoste.

Una economía exhausta

Este revés judicial llueve sobre mojado para la Casa Blanca, coincidiendo con datos macroeconómicos preocupantes. En el último trimestre de 2025, el PIB estadounidense se frenó, registrando una débil expansión anualizada del 1,4%.

Además, la principal promesa de los aranceles —reducir el déficit comercial— ha fracasado estrepitosamente. Este jueves se confirmó que el déficit ascendió a 1,2 billones de dólares, demostrando que la agresiva guerra comercial impulsada por el presidente no ha logrado revertir el desequilibrio en la balanza de importaciones y exportaciones.