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Terremoto en Nestlé: El gigante suizo dice adiós a los helados y repliega su negocio de aguas para atajar su crisis

Tras desplomar sus beneficios un 17% en 2025, la compañía fía su futuro a un drástico plan de reestructuración bajo el mando de su nuevo consejero delegado, Philipp Navratil, y la presidencia de Pablo Isla.

Fin de una era en los chiringuitos. Las tradicionales neveras y carteles de helados Nestlé, estampa habitual de los veranos en España, cambiarán de manos tras la inminente salida de la compañía del mercado de los congelados.

El gigante mundial de la alimentación ha decidido soltar lastre. Nestlé se enfrenta a una de las reestructuraciones más profundas de su historia reciente, marcada por una decisión sin precedentes: su salida del mercado de los helados y una drástica reducción de su histórica división de aguas embotelladas. El encargado de dar este golpe de timón es su nuevo consejero delegado, Philipp Navratil, quien este jueves ha presentado unos resultados anuales que explican la urgencia del movimiento: en 2025, la multinacional ganó 9.900 millones de euros, un 17% menos que el año anterior.

La presión de los accionistas sobre Navratil y el presidente del grupo, el español Pablo Isla, es máxima. Con Navratil como tercer líder de la empresa en apenas dos años —tras una crisis reputacional y directiva en la cúpula—, la consigna es clara: simplificar la estructura corporativa y apostar únicamente por lo que es verdaderamente rentable.

El nuevo rumbo: cuatro pilares intocables

Para recuperar la confianza del mercado, Nestlé ha anunciado que concentrará todos sus esfuerzos operativos y financieros en cuatro grandes áreas de negocio, que actualmente ya sostienen el 70% de su facturación total:

  • El café: Su motor histórico e indiscutible (marcas como Nespresso).
  • Alimentos para mascotas: Uno de los sectores con mayor margen de crecimiento.
  • Nutrición (incluida la infantil y médica): Área estratégica clave.
  • Alimentos y snacks: Productos de consumo diario con alta rotación.

El fin de la era Maxibon y la crisis del agua

La decisión más llamativa para el consumidor final será, sin duda, la salida del segmento de los congelados. Nestlé ya se encuentra en negociaciones muy avanzadas para vender su participación en Froneri, la sociedad conjunta creada en 2016 junto al fondo PAI Partners. Esta salida supone renunciar a la fabricación de marcas tan icónicas en los veranos españoles como Maxibon, Häagen-Dazs o Nuii. La dirección considera que es un mercado de altísima competencia y márgenes demasiado ajustados para los nuevos estándares del grupo.

En paralelo, el negocio del agua embotellada y bebidas premium (que apenas aporta el 3,5% de los ingresos) sufrirá un repliegue progresivo pero contundente. Marcas como la española Viladrau, Aquarel, Perrier o San Pellegrino dejarán de consolidar en las cuentas de la compañía previsiblemente a partir de 2027. Las recientes crisis de reputación por contaminación sanitaria que han salpicado a la multinacional han acelerado esta desinversión, por lo que Nestlé ya busca colaboradores externos o compradores para soltar las riendas de este sector.

Recortes dolorosos para sanear las cuentas

La limpieza no se limita a las marcas de los supermercados; también llega a los despachos. La compañía ha confirmado que avanza a buen ritmo con su plan de ahorro masivo de costes administrativos, valorado en 1.100 millones de euros, del cual ya ha ejecutado un 20%.

Este adelgazamiento de la estructura tiene un coste humano importante: el recorte anunciado en otoño de 16.000 empleos en todo el mundo, lo que representa el 6% de su plantilla global. América ha sido en 2025 el principal lastre comercial de la firma (con una caída de ventas del 4,6%), mientras que Europa fue el único faro de esperanza, logrando un modesto crecimiento del 3%.

Con este drástico cambio de piel, Nestlé confía en volver a la senda del crecimiento sostenido en 2026. La pregunta que ahora se hace el mercado no es si Navratil e Isla lograrán vender los helados, sino si este radical plan será suficiente para devolverle la corona al rey suizo de la alimentación.