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Bruselas y Pekín pactan frenar la avalancha de híbridos chinos y asegurar el suministro de tierras raras

Buque portacontenedores operando en un puerto español. La Unión Europea y China han alcanzado un pacto estratégico para reequilibrar la balanza comercial y regular el volumen de importaciones. | Imagen: Javier Teixidor López / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0).

La Unión Europea y China han alcanzado un principio de acuerdo comercial que desactiva, por el momento, la amenaza de una guerra arancelaria a gran escala entre ambos bloques. Tras dos jornadas de intensas negociaciones en Pekín, el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic, y el ministro chino, Wang Wentao, han sellado un pacto estratégico destinado a corregir un déficit comercial que en el último ejercicio alcanzó los 360.000 millones de euros en contra de los intereses comunitarios.

El cierre de la «brecha» de los vehículos híbridos

El núcleo del acuerdo aborda la profunda distorsión del mercado automovilístico europeo. Tras la imposición de aranceles comunitarios de hasta el 35,3% a los vehículos 100% eléctricos procedentes de China, los fabricantes asiáticos sortearon la penalización inundando el mercado con modelos híbridos e híbridos enchufables, los cuales tributaban con apenas un 10%.

Esta estrategia provocó que la cuota de ventas de híbridos chinos pasara del 7% en 2023 al 39% en el primer semestre de 2026, disparando las importaciones hasta las 50.000 unidades mensuales. El nuevo compromiso bilateral prevé reducir este volumen de exportaciones a la mitad durante los próximos cuatro años, operando bajo el marco legal de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Acceso a materias primas críticas y reciprocidad de mercado

El segundo pilar del entendimiento busca blindar el suministro tecnológico e industrial de Europa. Pekín se ha comprometido a facilitar la concesión de licencias para la exportación de tierras raras e imanes permanentes, componentes insustituibles para la fabricación de baterías, infraestructuras digitales y tecnologías limpias.

A cambio de esta flexibilización, el pacto exige reciprocidad para la industria europea: China rebajará sus barreras arancelarias para facilitar la penetración en su mercado de sectores productivos europeos clave, como el aceite de oliva, los componentes de automoción y la industria del calzado.

La presión del eje franco-alemán

Este «primer paso», tal y como lo ha calificado Sefcovic, cristaliza tras el ultimátum lanzado por la Comisión Europea el pasado mes de junio y el inusual frente común formado por París y Berlín. El presidente francés, Emmanuel Macron, y el canciller alemán, Friedrich Merz —cuyo país arrastra un déficit bilateral récord de 89.300 millones de euros—, habían instado recientemente al Ejecutivo comunitario a diseñar herramientas de protección comercial drásticas.

Entre las amenazas que forzaron el movimiento de Pekín figuraban la exclusión de empresas asiáticas del mercado único mediante procedimientos de urgencia y la imposición de normativas de diversificación obligatoria en las cadenas de valor.

La Comisión Europea trasladará los detalles técnicos de este principio de acuerdo a los líderes de los Veintisiete la próxima semana para fijar la hoja de ruta definitiva. Ambas potencias prevén retomar las mesas de diálogo en enero y convocar una nueva ronda de consultas oficiales en marzo.