El presidente estadounidense reprocha a sus socios europeos la falta de apoyo militar en el estrecho de Ormuz, mientras el Pentágono solicita 200.000 millones de dólares y evalúa ocupar la estratégica isla de Kharg.

La escalada bélica en Oriente Medio no solo está desestabilizando los mercados energéticos globales, sino que ha abierto una profunda grieta diplomática entre Estados Unidos y sus socios históricos. El presidente Donald Trump ha lanzado un duro ataque contra los países miembros de la OTAN, acusándolos de inacción frente al conflicto con Irán y de eludir sus responsabilidades en la reapertura del estrecho de Ormuz, una vía marítima crucial para el comercio internacional.
A través de su cuenta en la plataforma Truth Social, el mandatario estadounidense calificó a la Alianza Atlántica de ser «un tigre de papel» sin el respaldo de Washington. En su mensaje, Trump recriminó a sus aliados que se beneficien de una supuesta victoria militar estadounidense sin asumir riesgos. «Se quejan de los altos precios del petróleo (…), pero no quieren ayudar a abrir el estrecho de Ormuz. ¡Cobardes, lo recordaremos!», advirtió el presidente.
Posturas divididas en Europa
Las incendiarias declaraciones llegan apenas horas después de que las potencias del G7 emitieran un tibio comunicado conjunto comprometiéndose a garantizar el «libre paso» en Ormuz, aunque sin detallar ninguna implicación militar directa. Cabe destacar que la OTAN, al ser una alianza de carácter estrictamente defensivo, no obliga a sus miembros a sumarse a operaciones ofensivas iniciadas por EE. UU. en Oriente Medio.
Hasta el momento, solo el Reino Unido ha dado un paso al frente, autorizando a las fuerzas estadounidenses a utilizar sus bases en la región amparándose en la «legítima defensa colectiva», orientada exclusivamente a neutralizar las plataformas de misiles iraníes. Sin embargo, Londres ha dejado claro que no participará de forma directa en los bombardeos.
El impacto económico y la crisis del crudo
El bloqueo efectivo de Ormuz —orquestado por el nuevo régimen iraní bajo el mando de Mojtaba Jamenei, sucesor del fallecido Alí Jamenei— ha provocado un seísmo en la economía global. El uso intensivo de drones de bajo coste, misiles y minas marinas por parte de Teherán ha paralizado el tránsito del 20 % del crudo mundial.
Las consecuencias de este estrangulamiento ya son visibles:
- Precio récord: El barril de Brent ha superado la barrera de los 100 dólares por primera vez desde el estallido de la guerra en Ucrania en 2022.
- Medidas desesperadas: Según fuentes del Tesoro estadounidense, Washington baraja levantar temporalmente las sanciones al petróleo ruso e incluso a buques iraníes en altamar para aliviar la presión sobre los precios.
El plan Kharg y el coste de la guerra
Para forzar a Teherán a una mesa de negociación, la Casa Blanca evalúa una maniobra de alto riesgo. Según filtraciones publicadas por el portal Axios, la administración estadounidense planea tomar el control militar de la isla de Kharg, el epicentro petrolero donde Irán procesa el 90 % de sus exportaciones de crudo.
No obstante, esta ocupación requeriría al menos un mes de bombardeos previos para degradar las defensas iraníes y minimizar las bajas estadounidenses. El desgaste material de esta ofensiva ya está pasando factura al arsenal de EE. UU.
Las cifras manejadas por el Pentágono reflejan la magnitud del conflicto:
- Coste diario: La campaña de bombardeos supone un desembolso estimado de 2.000 millones de dólares al día.
- Consumo de munición: Solo en la primera semana de hostilidades se han disparado tantos misiles Tomahawk como los adquiridos en el último lustro.
- Presupuesto extraordinario: El Departamento de Defensa ha solicitado al Congreso un fondo urgente de 200.000 millones de dólares para sostener la guerra y reponer inventarios.
A pesar de sus reticencias iniciales a desplegar tropas sobre el terreno, informes recientes de The Wall Street Journal confirman que Trump ya ha ordenado el envío a la zona de tres nuevos buques de guerra y 2.200 marines, un contingente que podría ser la punta de lanza para la inminente toma de la isla de Kharg o la reapertura forzosa de Ormuz.