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La influencia sionista en pastores cristianos de EE.UU.: una alianza forjada desde Israel

En las últimas décadas se ha consolidado una estrecha alianza entre sectores del cristianismo evangélico en Estados Unidos y el Estado de Israel. Lejos de ser un apoyo espontáneo, Israel ha alimentado ideológicamente a muchos pastores cristianos con un mensaje sionista cuidadosamente fabricado en Israel para asegurar su respaldo incondicional. Esta estrategia pretende mantener la narrativa del “pueblo elegido de Dios” asociada al moderno Estado israelí y garantizar que dichos líderes religiosos defiendan con fervor a Israel ante sus congregaciones y en la arena política estadounidense. El objetivo final es preservar el poder e influencia que este apoyo brinda a Israel en Estados Unidos – desde apoyo diplomático y militar hasta el bloqueo de críticas – sin verse afectado por la creciente corriente de “despertar” político en la sociedad estadounidense, en la cual la vieja táctica de desacreditar cualquier crítica como antisemitismo ha dejado de ser el comodín polivalente de antaño.

Mike Evans (izq.), líder del programa Amigos de Sion, junto a exrehenes israelíes (Aviva y Keith Siegel, Tal Shoham, Moran Stella Yanai) y un soldado en el sitio del festival Nova, escenario de los ataques del 7 de octubre de 2023. (Foto: Amir Levy/Getty Images)

Bases teológicas del sionismo cristiano

Buena parte de los evangélicos pro-Israel se apoyan en interpretaciones teológicas que vinculan la fundación del Estado de Israel con las promesas bíblicas. Desde el siglo XIX, corrientes como el dispensacionalismo propagaron la idea de que el retorno del pueblo judío a la Tierra Santa era un requisito para la segunda venida de Jesucristo. Según esta visión, los judíos serían el pueblo elegido por Dios y su presencia en Israel cumple profecías bíblicas, lo que otorga una sanción divina al Estado israelí actual. Pasajes bíblicos a menudo citados – como “bendeciré a quienes te bendigan” (dirigido al linaje de Abraham) – son interpretados por estos cristianos en el sentido de que Estados Unidos debe bendecir y apoyar a Israel para no incurrir en el desagrado divino.

Con esta base doctrinal, el “sionismo cristiano” se afianzó especialmente entre iglesias evangélicas conservadoras. Figuras como el pastor John Hagee, líder de Christians United for Israel, proclaman que Israel es “un tesoro especial por encima de todos los pueblos de la tierra”, insinuando que incluso Estados Unidos ocupa un lugar secundario respecto al plan de Dios con Israel. Este marco teológico crea terreno fértil para que millones de fieles vean el apoyo político y financiero a Israel no solo como una opción, sino como un mandato de fe.

Diplomacia de la fe: cómo Israel cultiva a los líderes evangélicos

Conscientes de esta mentalidad en sectores cristianos, los sucesivos gobiernos israelíes emprendieron desde mediados del siglo XX una activa “diplomacia de la fe” para afianzar el apoyo evangélico. Ya en la década de 1950, Israel comenzó a forjar lazos con iglesias protestantes estadounidenses, inicialmente enfocándose en denominaciones tradicionales y liberales. Estas políticas se intensificaron en los años 60, cuando delegaciones de líderes israelíes (políticos y religiosos) realizaron giras por comunidades evangélicas en EE.UU., presentando su narrativa y forjando vínculos directos. Aquellos contactos buscaban influir en la opinión pública y en la política exterior estadounidense a favor de Israel, aprovechando la influencia moral que los pastores ejercen sobre sus fieles.

En 1980, Israel incluso estableció la Embajada Cristiana Internacional en Jerusalén (ICEJ), con la misión declarada de “representar a los cristianos de todo el mundo que apoyan a Israel”. Esta entidad y otras similares organizan peregrinaciones y eventos con pastores y fieles, reforzando la conexión emocional y espiritual con la Tierra Santa. Las visitas guiadas a sitios bíblicos e históricos en Israel – a menudo subvencionadas o patrocinadas – se convirtieron en una herramienta poderosa: muchos pastores evangélicos son invitados a viajar a Israel, donde reciben un trato preferencial. En estos tours, se les muestra una versión muy particular del conflicto y de la sociedad israelí, enfatizando hitos bíblicos y amenazas modernas que supuestamente enfrenta el “pueblo de Dios”. Es común que estos itinerarios excluyan la otra cara de la realidad (por ejemplo, rara vez incluyen encuentros significativos con cristianos palestinos o visitas a territorios ocupados donde la vida diaria contradice la narrativa idílica). Tras experimentar de primera mano la atmósfera religiosa de Jerusalén y escuchar las consignas sionistas directamente de funcionarios israelíes, muchos líderes regresan a sus iglesias convencidos de convertirse en portavoces apasionados de la causa israelí.

Un ejemplo reciente e impactante de esta diplomacia ocurrió en diciembre de 2025, cuando Israel organizó un viaje masivo de más de 1.000 pastores e “influencers” cristianos estadounidenses. Fue publicitado como la mayor delegación de líderes cristianos de EE.UU. en visitar Israel desde 1948. El gobierno israelí, a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores, cubrió todos los gastos de viaje, alojamiento de lujo y logística de este evento sin precedentes. La cumbre, denominada Friends of Zion Ambassador Summit, dejó claro su propósito: adiestrar a estos pastores para que actúen como “embajadores” oficiosos de Israel en sus comunidades. A los participantes se les brindó un recorrido altamente coreografiado: reuniones con el presidente israelí y altos funcionarios, sesiones informativas con militares, visitas emotivas a lugares marcados por la violencia reciente (como el sitio de la masacre del festival Nova del 7 de octubre de 2023, donde se recreó el trauma vivido bajo la narrativa israelí). Todo el programa estaba revestido de referencias bíblicas y llamamientos espirituales, pero su naturaleza profundamente política era evidente. De hecho, antes del viaje se advirtió a los pastores que se abstuvieran de realizar actos de evangelización o predicación durante su estadía – un indicio de que la intención no era religiosa en el sentido tradicional, sino esencialmente propagandística. Israel no llevó a 1.000 pastores a Tierra Santa para hablarles de teología, sino para inculcarles puntos de conversación políticos y obtener su lealtad en la defensa internacional de las acciones israelíes.

Pastores como portavoces: influencia en las bases y la política estadounidense

¿Por qué Israel invierte tantos recursos en cortejar a pastores norteamericanos? La respuesta está en el enorme poder social y político que estos líderes religiosos ostentan en Estados Unidos. Los pastores evangélicos influyen sobre congregaciones que suman decenas de millones de fieles; moldean opiniones, activan el compromiso político de sus seguidores e incluso orientan su voto. Un pastor convencido del mensaje sionista transmitirá desde el púlpito un apoyo incondicional a Israel, justificando sus acciones como parte del plan divino. Esto ha creado, de hecho, un importante bloque de votantes pro-Israel en EE.UU., especialmente dentro del Partido Republicano, aunque no exclusivamente.

Ya desde los años 80 se notó cómo la derecha religiosa estadounidense abrazó la causa israelí: líderes evangélicos de la Moral Majority y otras organizaciones conservadoras tejieron alianzas con políticos pro-israelíes. Israel, por su parte, encontró en estos actores un canal para ampliar su apoyo internacional en la Guerra Fría y más allá. En los últimos años, esta sintonía llegó a su apogeo durante el gobierno de Donald Trump (2017-2021). La administración Trump – respaldada fuertemente por evangélicos blancos – adoptó medidas alineadas con los deseos de los sionistas cristianos, como reconocer a Jerusalén como capital de Israel, trasladar allí la embajada estadounidense y dar carta blanca a las políticas de línea dura del gobierno de Netanyahu. Estos logros políticos fueron celebrados en muchos púlpitos evangélicos como “victorias del pueblo de Dios”. Netanyahu mismo calificó a los cristianos evangélicos como “los aliados más cercanos de Israel”. La convergencia entre la derecha política israelí y la base evangélica estadounidense ha sido tan estrecha que, en la práctica, muchos pastores actúan como voceros de la política exterior de Israel, a veces incluso por encima de consideraciones de paz, derechos humanos o del propio interés nacional estadounidense.

Vale la pena destacar que esta influencia no solo se manifiesta en el discurso, sino también en flujos de dinero y organización política. Iglesias y ministerios evangélicos de EE.UU. han recolectado millones de dólares para asentamientos israelíes y causas sionistas. Grupos como Christians United for Israel (CUFI) organizan anualmente cumbres en Washington D.C. donde miles de cristianos presionan a legisladores en favor de las posturas de Israel. Así, el lobby pro-Israel en Estados Unidos ya no se compone únicamente de organizaciones judías o israelíes, sino que incluye un ferviente componente evangélico que Israel ha cultivado deliberadamente.

“Despertar” y desgaste de la carta del antisemitismo

Sin embargo, este cuadro idílico para Israel comienza a mostrar fisuras en el contexto actual. Una nueva corriente de “despertar” – así lo llaman algunos – se extiende en la sociedad estadounidense, afectando incluso a las bases de creyentes. Cada vez más personas, incluidos jóvenes cristianos, cuestionan la narrativa oficial sobre Israel y se solidarizan con la causa palestina desde un prisma de derechos humanos. Escenas crudas de conflictos recientes (como la devastación en Gaza durante la guerra de 2023-2024) circularon ampliamente por redes sociales y medios alternativos, generando indignación moral difícil de acallar. Como resultado, la vieja estrategia de desestimar cualquier crítica a Israel tildándola inmediatamente de “antisemitismo” está perdiendo efectividad. En otras palabras, la acusación de antisemitismo ya no funciona como el comodín polivalente que antes neutralizaba cualquier reproche hacia las políticas israelíes.

Este cambio se observa especialmente en las generaciones más jóvenes. Encuestas recientes muestran un descenso drástico en el apoyo a Israel entre los evangélicos menores de 30 años en EE.UU. – una señal de alarma para los promotores del sionismo cristiano. Muchos jóvenes creyentes no comparten la visión de sus padres de que los judíos contemporáneos tengan un estatus casi sagrado de “pueblo elegido” intocable; al contrario, contemplan el conflicto israelo-palestino con ojos más críticos y empáticos hacia ambos lados. Incluso dentro de algunas iglesias, surgen voces que piden orar por la paz sin tomar partido ciegamente o que reconocen el sufrimiento de los palestinos, incluidos los cristianos palestinos que viven bajo ocupación. En la esfera política general, también se percibe un debate más abierto: congresistas y figuras públicas progresistas cuestionan abiertamente el apoyo incondicional a Israel sin que sus carreras queden automáticamente arruinadas, algo impensable décadas atrás.

La reacción de Israel y de los evangelistas sionistas ante este “despertar” ha sido redoblar esfuerzos propagandísticos. El ya mencionado encuentro de 1.000 pastores en Jerusalén tuvo entre sus objetivos explícitos contrarrestar cualquier fisura en el apoyo evangélico. Los organizadores enfatizaron la necesidad de “unificar” a los líderes cristianos en respaldo a Israel y “demostrar que la comunidad no está dividida” en este tema. Hubo llamados directos a combatir la “decepción venenosa” del antisemitismo en la cultura y a “no permanecer en silencio” frente a las críticas a Israel. En otras palabras, se insta a los pastores a volver a sus púlpitos con renovado ímpetu para rebatir las narrativas emergentes que cuestionan a Israel, etiquetándolas de falsas o malintencionadas. A los jóvenes creyentes se les invita a “unirse al movimiento” pro-Israel, intentando frenar la erosión generacional del apoyo.

Paradójicamente, esta insistencia casi desesperada en usar la carta del antisemitismo – llegando algunos portavoces a equiparar las críticas actuales a Israel con la propaganda nazi de los años 1930 – puede agravar el desgaste de dicha estrategia. Muchos estadounidenses perciben ya ese recurso como un intento de silenciar el debate legítimo. Cabe aclarar: el antisemitismo real (la hostilidad hacia los judíos por su identidad) sigue siendo condenado por amplias mayorías; pero cada vez más gente distingue entre ese prejuicio condenable y la crítica válida a las acciones de un Estado. Cuando ven que cualquier cuestionamiento – por moderado o fundamentado que sea – es tachado de antisemita, tienden a dudar de la honestidad de quien así acusa. En este sentido, la palabra “antisemitismo” pierde su impacto si se emplea indiscriminadamente para blindar a Israel de cualquier reproche.

La relación entre Israel y los pastores cristianos de Estados Unidos ha pasado de ser una afinidad espiritual espontánea a convertirse en una alianza estratégicamente cultivada desde Jerusalén. Por medio de tours organizados, lobby político, intercambio de narrativas bíblicas y favores diplomáticos, Israel ha logrado que una parte significativa del liderazgo evangélico estadounidense actúe como su escudo y altavoz en la arena internacional. Estos pastores – convencidos de estar defendiendo al pueblo de Dios y cumpliendo designios bíblicos – han brindado a Israel un apoyo formidable, traduciéndose en influencia política, votos en el Congreso, financiamiento y la neutralización de resoluciones críticas en foros globales.

No obstante, los tiempos están cambiando. La “alimentación” constante de sionismo pro-Israel a las iglesias enfrenta ahora el escrutinio de una opinión pública más despierta y segmentada. Israel y sus aliados evangélicos tendrán que lidiar con una nueva realidad: ya no pueden dar por sentado el monopolio moral en el discurso, ni suponer que la etiqueta de antisemitismo acallará automáticamente las conciencias. Es posible que en respuesta doblen la apuesta – como lo han hecho con grandes cumbres pastorales y retórica más vehemente – pero a largo plazo solo el diálogo honesto y el reconocimiento de la humanidad de todos los involucrados traerán una paz duradera. Mientras tanto, la batalla por los corazones y mentes en los bancos de las iglesias estadounidenses continúa: de un lado, un Estado israelí determinado a mantener su poder e inmunidad apoyándose en la fe de millones; del otro, una creciente corriente de fieles y ciudadanos dispuestos a despertar y cuestionar verdades absolutas en nombre de la justicia y la verdad.