Los documentos desclasificados revelan que la agencia recopiló testimonios sobre agresiones en Mar-a-Lago y amenazas de muerte en sus campos de golf, pero el Departamento de Justicia sostiene que son invenciones «sensacionalistas» diseñadas para dañar al presidente.

Entre los tres millones de páginas que el Departamento de Justicia de Estados Unidos ha liberado este viernes, un archivo ha provocado un terremoto político en Washington. No son las fotos de la isla ni los registros de vuelo, sino una comunicación interna del FBI fechada en agosto de 2025. En ella, bajo la dirección del entonces recién nombrado Kash Patel, agentes federales compilaron una «lista de pistas» que detalla acusaciones de violencia sexual extrema presuntamente cometidas por el presidente Donald Trump.
Aunque el nombre del mandatario aparece más de 3.000 veces en los archivos de la trama Epstein, este correo electrónico destaca por la brutalidad de los testimonios que contiene. Las autoridades han salido al paso calificando estas afirmaciones de «infundadas y falsas», argumentando que si tuvieran base real, «ya habrían sido utilizadas como arma política». Sin embargo, la mera existencia de este catálogo de horrores en los servidores del FBI plantea preguntas inquietantes sobre qué se investigó realmente y qué se decidió ignorar.
Terror en el «hoyo nueve»: Las amenazas del equipo de seguridad
Una de las denuncias más gráficas rescatadas por los agentes federales describe una presunta red de tráfico sexual que habría operado a plena luz del día en el Trump Golf Course de Rancho Palos Verdes, California, entre 1995 y 1996. Según el testimonio de una «denunciante en línea» recogido en el informe, Ghislaine Maxwell —la socia condenada de Epstein— actuaba como la «madame residente», coordinando encuentros sexuales para los miembros del club.
El relato adquiere un tono siniestro cuando la denunciante detalla las amenazas recibidas para mantener su silencio. Según su declaración al FBI, el entonces jefe de seguridad de Trump le advirtió explícitamente que si hablaba sobre lo que veía o a quién veía, «acabaría como fertilizante para los últimos nueve hoyos, como las otras zorras». A pesar de la gravedad de la acusación, que implica encubrimiento de asesinatos, la nota al margen del agente del FBI es lapidaria y cierra el caso: «Se habló con la denunciante y se consideró que no era creíble».
La «niña del calendario» y las subastas de Mar-a-Lago
Los documentos también arrojan luz sobre la dinámica interna de Mar-a-Lago, el club privado del presidente en Florida. Una de las pistas archivadas describe eventos denominados «Calendar Girls» (Chicas Calendario), donde la frontera entre la fiesta social y la trata de personas parecía desvanecerse. «Jeffrey Epstein traía a las niñas y Trump las subastaba», alega el documento, describiendo una escena de mercantilización sexual explícita.
Al igual que en otros casos, la burocracia policial parece haber enterrado la pista antes de que pudiera prosperar. El informe del FBI indica lacónicamente que «no se proporcionó información de contacto», motivo suficiente para que los investigadores no realizaran un seguimiento de una acusación que involucraba la venta de menores en la residencia de un futuro presidente.
Esta narrativa de Mar-a-Lago como centro de reclutamiento se ve reforzada por los memorandos sobre Virginia Giuffre, una de las víctimas más vocales de Epstein. Los archivos confirman que Giuffre relató a los investigadores cómo fue captada mientras trabajaba en el club de Trump siendo una adolescente, y cómo Maxwell la «presentó» al magnate en una fiesta en Nueva York. Aunque Giuffre aclaró que «no pasó nada» sexual con Trump en esa ocasión, el testimonio subraya cómo el entorno del presidente servía de caladero para la red de Epstein.
El incidente de Nueva Jersey y la «mordida»
Quizás la acusación más visceral contenida en el correo de agosto de 2025 se refiere a un supuesto ataque ocurrido hace 35 años. La pista, proveniente de una amiga de la víctima, narra cómo una menor de «13 o 14 años» fue forzada a practicar sexo oral a Donald Trump en Nueva Jersey.
El detalle que hace que este testimonio sea particularmente perturbador es la reacción violenta descrita: la víctima habría mordido al magnate durante el acto, lo que provocó que fuera «golpeada en la cara después de reírse por haberle mordido». La informante aseguró que esta misma joven también fue abusada por Epstein, estableciendo un patrón de abuso compartido. La columna de «respuesta» del FBI señala que la pista fue enviada a la oficina de Washington para una entrevista, pero los archivos liberados no aclaran si dicha entrevista tuvo lugar o si la investigación murió en un cajón burocrático.
La mentira del Secretario de Comercio
Más allá de Trump, la liberación de documentos ha dejado en una posición insostenible a miembros clave de su actual gabinete. Howard Lutnick, Secretario de Comercio, ha visto cómo su coartada pública se desmoronaba ante la evidencia digital.
Lutnick había asegurado repetidamente que cortó toda relación con Epstein en 2005, tras una visita a su casa que le resultó desagradable. «Nunca volveré a estar en una habitación con él», llegó a decir. Sin embargo, los correos electrónicos muestran una realidad muy distinta: en 2012, siete años después de esa supuesta ruptura moral, Lutnick y Epstein coordinaron un almuerzo en la isla privada del pederasta, Little St. James.
«Encantado de verte», le escribió Epstein a Lutnick tras el encuentro. La correspondencia revela una relación fluida y cordial que continuó mucho después de que Epstein fuera un delincuente sexual registrado, contradiciendo la versión oficial y exponiendo al Secretario a acusaciones de perjurio ante la opinión pública.
La defensa del Departamento de Justicia
Ante la avalancha de revelaciones, la estrategia de la Administración ha sido desacreditar la totalidad del archivo. El Departamento de Justicia sostiene que muchas de estas pistas fueron «fabricadas» y enviadas al FBI justo antes de las elecciones de 2020 para sabotear la campaña de Trump. «Son afirmaciones falsas y sensacionalistas», reza el comunicado oficial, intentando cerrar la brecha de credibilidad.
Sin embargo, para los críticos y las organizaciones de víctimas, la pregunta persiste: si estas acusaciones eran tan evidentemente falsas, ¿por qué el FBI bajo la administración Trump sintió la necesidad de compilarlas en una lista interna en 2025? La publicación de estos archivos no cierra el caso; más bien, abre una ventana a las cañerías del estado profundo, donde las denuncias de las víctimas más vulnerables se archivaban bajo etiquetas de «no creíble» mientras los acusados ascendían a la cumbre del poder mundial.