El veterano Joe Kent abandona el Centro Nacional de Contraterrorismo denunciando una «campaña de desinformación» israelí y abre la primera gran brecha interna del segundo mandato republicano.

El tablero político y militar de Estados Unidos ha sufrido su primer gran seísmo desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump. Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo, ha presentado este martes su dimisión irrevocable, motivada por un profundo rechazo a la actual ofensiva militar estadounidense en Irán. En una explosiva carta de renuncia dirigida al presidente, Kent no solo cuestiona la legalidad y necesidad del conflicto, sino que acusa directamente a Israel de haber manipulado a Washington para desencadenar la guerra.
El fantasma de Irak y el fin del ‘América Primero’
En su misiva, difundida a través de las redes sociales, el ya exfuncionario asegura que «Irán no representaba ninguna amenaza inminente» y afirma que la Casa Blanca cedió ante la presión de «funcionarios israelíes y su poderoso lobby» en territorio estadounidense.
Para Kent, la narrativa empleada para justificar la incursión en Teherán —la promesa de una victoria rápida y la supuesta destrucción de su programa nuclear— guarda un paralelismo aterrador con los argumentos que desembocaron en la desastrosa invasión de Irak en 2003. Según explica, Trump ha sido víctima de una «campaña de desinformación» orquestada desde Tel Aviv y amplificada por medios de comunicación influyentes, cuyo objetivo fue desmantelar la promesa electoral estrella del presidente republicano: acabar con las «guerras eternas» bajo la doctrina del América Primero.
«Hasta junio de 2025, usted comprendía que las guerras en Oriente Medio eran una trampa que le robaba a América las preciosas vidas de nuestros patriotas», subraya Kent en su escrito al mandatario.
Un costo personal y una brecha en el movimiento MAGA
La dimisión cobra un matiz especialmente dramático al considerar el historial del protagonista. Kent, veterano con once despliegues en zonas de combate, recordó en su carta el mayor sacrificio de su vida: la pérdida de su esposa Shannon en un conflicto que él mismo califica como «fabricado por Israel». «No puedo en conciencia apoyar el envío de la próxima generación a luchar y morir en una guerra que no brinda ningún beneficio al pueblo estadounidense», sentenció.
Esta salida, la primera de un alto cargo bajo la supervisión de la directora de Inteligencia, Tulsi Gabbard, evidencia las crecientes tensiones dentro del propio movimiento MAGA (Make America Great Again). Figuras clave del entorno presidencial, como la propia Gabbard o el vicepresidente J.D. Vance, se habían mostrado históricamente reacios a una escalada bélica con la república islámica, lo que sugiere que el debate sobre la guerra en Irán ya no solo divide al Capitolio, sino que fractura al propio poder ejecutivo.
La respuesta de la Casa Blanca
Lejos de la autocrítica, la reacción de Donald Trump ha sido tajante. Desde el Despacho Oval, el presidente restó importancia a la pérdida de uno de sus máximos asesores de seguridad. Tras afirmar que siempre consideró a Kent «débil en materia de seguridad», Trump defendió ferozmente la intervención militar.
Sin aportar nuevas pruebas de inteligencia que contradigan las valoraciones previas del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el presidente justificó el conflicto asegurando que Teherán ha sido una amenaza histórica y que, de no haber intervenido, el régimen iraní habría «producido la bomba nuclear en menos de un mes».
Tras un primer año de notable estabilidad en su nuevo gabinete, conformado principalmente por figuras leales, la salida de Kent marca el primer gran desafío interno para un Donald Trump que, paradójicamente, ve cuestionada su política exterior desde sus propias trincheras.