Tribunales

Asesinan en prisión a Ian Huntley, el infame autor de los crímenes de Soham

El Ministerio de Justicia británico ha confirmado este sábado el fallecimiento de Ian Huntley, de 52 años, uno de los asesinos más infames en la historia reciente del Reino Unido. El recluso, que cumplía cadena perpetua por el atroz asesinato de dos niñas en 2002, murió en el hospital tras sufrir una brutal agresión en la cárcel HMP Frankland, situada en el noreste de Inglaterra.

Soham, el pueblo del este de Inglaterra donde ocurrieron los asesinatos en el año 2002. (Foto: Bob Jones / CC BY-SA 2.0).

El desenlace se produjo después de que el viernes los médicos le retiraran la respiración asistida. Huntley se encontraba en estado crítico desde el pasado 26 de febrero, cuando recibió un fuerte golpe en la cabeza propinado por otro interno. Según ha adelantado la cadena BBC, el principal sospechoso de este ataque es Anthony Russell, de 43 años, un preso que ya cumplía condena por un triple homicidio.

El oscuro legado que conmocionó al Reino Unido

La muerte de Huntley en prisión cierra de forma violenta un capítulo que dejó una cicatriz imborrable en la sociedad británica. En agosto de 2002, la desaparición de Holly Wells y Jessica Chapman, dos amigas inseparables de apenas 10 años, paralizó al país. Las menores habían abandonado una barbacoa familiar para ir a comprar chucherías en la tranquila localidad de Soham, pero nunca regresaron.

Huntley, que por aquel entonces tenía 28 años y trabajaba como conserje en el instituto local, las atrajo hasta su vivienda engañándolas con la falsa promesa de que allí se encontraba su novia, Maxine Carr, quien era asistente en el colegio de las niñas. Tras presuntamente asfixiarlas, trasladó y ocultó los cadáveres cerca de una base aérea en Suffolk, a unos 20 kilómetros de distancia, donde fueron encontrados casi dos semanas después tras una intensa búsqueda.

La justicia británica lo condenó en diciembre de 2003 a cadena perpetua, fijando un cumplimiento mínimo de 40 años antes de poder solicitar beneficios penitenciarios. Por su parte, Maxine Carr fue sentenciada a tres años y medio de cárcel por brindarle una coartada falsa, siendo liberada en mayo de 2004 y amparada bajo una nueva identidad para protegerla del repudio público.

Un historial marcado por la venganza carcelaria

Debido a la naturaleza de sus crímenes, Huntley se convirtió de inmediato en un objetivo constante para el resto de la población reclusa. A lo largo de sus años entre rejas, sufrió agresiones extremas: en 2005, un compañero le arrojó agua hirviendo, y en 2010 sobrevivió a un ataque en el que le rajaron la garganta, una herida por la que necesitó 21 puntos de sutura.

Tras anunciarse su fallecimiento, un portavoz del Gobierno ha vuelto a poner el foco en las verdaderas víctimas de esta tragedia: “Los asesinatos de Holly Wells y Jessica Chapman siguen siendo uno de los casos más impactantes y devastadores de la historia de nuestro país, y nuestros pensamientos están con sus familias”.