El inolvidable protagonista de ‘Walker, Texas Ranger’ y pionero de las artes marciales en Hollywood deja un legado intergeneracional marcado por el carisma, la rudeza y los célebres ‘memes’ sobre su invencibilidad.

La cultura popular de internet bromeó durante años con la idea de que la parca no se atrevía a visitar a Chuck Norris. Sin embargo, el hombre que popularizó la invulnerabilidad absoluta en la red ha librado finalmente su última batalla. Carlos Ray Norris, conocido mundialmente como Chuck Norris, ha fallecido a los 86 años de edad, según ha confirmado su familia a través de un comunicado en redes sociales. Se apaga así una de las estrellas más singulares del cine de entretenimiento, un pionero de las artes marciales y un genuino símbolo de la cultura estadounidense.
Una despedida inesperada en plena forma
La noticia ha causado una profunda conmoción entre sus millones de seguidores, especialmente porque el actor había mostrado una vitalidad envidiable hace apenas unos días. El pasado 10 de marzo, coincidiendo con su 86º cumpleaños, Norris publicó un vídeo en el que se le veía boxeando con la energía que siempre le caracterizó. «Agradezco otro año, buena salud y la oportunidad de seguir haciendo lo que me apasiona», escribió, agradeciendo a sus fans el apoyo incondicional. Nada hacía presagiar este repentino desenlace para un actor que incluso tenía en preproducción una nueva película de temática zombi.
De Corea a Hollywood: El nacimiento de un guerrero
Antes de convertirse en el rudo héroe de las patadas giratorias, Norris fue un joven humilde nacido en Oklahoma en 1940. Su vida dio un giro radical al alistarse en el ejército y ser destinado a la Guerra de Corea. Fue en el país asiático donde Carlos mutó en «Chuck» y donde descubrió el tang su do, un arte marcial que le fascinó.
Lejos de conformarse con dominarlo, a su regreso a Estados Unidos decidió crear su propia disciplina: el Chun Kuk Do (o «el camino universal»), una letal mezcla de kárate, jiu-jitsu brasileño, muay thai y lucha libre. Su destreza le llevó a abrir una red de gimnasios donde impartía clases a la élite de Hollywood. Fue allí donde forjó amistad con estrellas como Michael Landon o el icónico Steve McQueen, quien no tardó en convencerle de que su presencia física estaba hecha para la gran pantalla.
El combate contra Bruce Lee que cambió la historia
Su consagración cinematográfica llegaría de la mano de otro gigante, el legendario Bruce Lee. En 1972, Lee le ofreció el papel de su antagonista en El furor del dragón. Norris aceptó el reto, asumiendo que el guion le obligaba a morder el polvo frente a la estrella asiática en el mismísimo Coliseo de Roma. Esos diez minutos épicos de combate cuerpo a cuerpo no solo pasaron a los anales de la historia del cine, sino que catapultaron la carrera de Norris. Curiosa y trágicamente, meses después, Norris y McQueen serían los encargados de portar el féretro de Lee tras su prematura muerte.
El Ranger de América y el fenómeno de internet
Durante la década de los ochenta, al calor del patriotismo de la era Reagan, Chuck Norris se erigió como el héroe de acción por excelencia. A diferencia de los hipermusculados Stallone o Schwarzenegger, Norris aportaba el aura del estadounidense medio: barba pelirroja, ropa vaquera y un carisma silencioso. Títulos como Desaparecido en combate, Invasión U.S.A. o McQuade, el lobo solitario cimentaron su estatus, aunque su papel más emblemático llegaría en la televisión de los noventa dando vida al inquebrantable Cordell Walker en Walker, Texas Ranger, serie que lideró las audiencias durante ocho temporadas.
En su madurez, Norris supo reinventarse gracias a los «Chuck Norris facts», una avalancha de hipérboles humorísticas en internet que exaltaban su dureza y que él mismo abrazó con gran sentido del humor, llegando a publicar un libro recopilatorio. Al mismo tiempo, mantuvo una activa presencia pública defendiendo sus firmes convicciones conservadoras y su apoyo al Partido Republicano.
Puede que la crítica cinematográfica nunca le concediera galardones de prestigio, pero Chuck Norris logró algo mucho más difícil: el aplauso incondicional del público y un asiento reservado para la eternidad en el Olimpo de la cultura pop.