Mundo

«Quien inicia una guerra responderá ante Dios»: el histórico Vía Crucis del papa León XIV en el Coliseo

En una decisión sin precedentes recientes que aúna el esfuerzo físico y un profundo simbolismo geopolítico, el papa León XIV ha protagonizado un Vía Crucis histórico en el Coliseo de Roma. En un contexto global marcado por la escalada bélica en Ucrania y Oriente Medio, el Pontífice ha aprovechado la liturgia del Viernes Santo para lanzar una severa advertencia a los líderes mundiales, calificando de «blasfemia» la violencia ejercida en nombre de la victoria.

Las luces iluminan el anfiteatro romano en una noche donde el Papa asumió el peso físico de la cruz para pedir por la paz mundial.

La noche del Viernes Santo en Roma dejó una estampa insólita en las últimas décadas del pontificado. Ante la mirada de 40.000 fieles congregados en las ruinas del Coliseo, el papa León XIV optó por romper con el protocolo habitual de sus predecesores inmediatos. En lugar de presidir la ceremonia desde una posición estática, el Pontífice asumió la exigencia de portar personalmente la cruz a lo largo de las catorce estaciones del Vía Crucis.

Este gesto físico, que el propio Papa —cuyo apellido de nacimiento es Prevost— explicó en los días previos como una forma de encarnar que «Cristo sigue sufriendo y yo llevo ese sufrimiento en mi oración», define el carácter de su primera Pascua al frente de la Iglesia: una presencia constante en primera línea y una atención ineludible a las fracturas geopolíticas del momento.

Diplomacia vaticana y condena a la «ocupación imperialista»

La imagen del Coliseo culmina una Semana Santa en la que los ritos religiosos se han entrelazado con una activa agenda diplomática. Durante estos días, el Vaticano ha intensificado sus contactos con las zonas de conflicto más críticas.

  • Diálogo internacional: El Papa ha mantenido conversaciones telefónicas tanto con el presidente israelí, Isaac Herzog, como con el mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, quien ha extendido al Pontífice una invitación formal para visitar Kiev.
  • Un mensaje contundente: Durante la misa del Crisma y los oficios in Coena Domini del Jueves Santo, León XIV endureció su discurso, asegurando que «es una blasfemia contra Dios cuando el hombre quiere vencer matando» y exigiendo que la «ocupación imperialista del mundo sea interrumpida desde dentro».

La responsabilidad de los líderes mundiales

El tono de denuncia se mantuvo durante las catorce estaciones del Vía Crucis. Las meditaciones leídas este año fueron encargadas al franciscano Francesco Patton, excustodio de Tierra Santa, una elección cargada de intención en un momento en el que Oriente Medio acapara la atención internacional.

En coincidencia con el octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís, los textos redactados por Patton apuntaron directamente a la responsabilidad moral de las clases dirigentes. Haciendo alusión a las masacres y genocidios contemporáneos, las reflexiones advirtieron sobre la soberbia de quienes creen ostentar «una autoridad sin límites».

El mensaje que resonó en el antiguo anfiteatro romano, escenario histórico de persecuciones, fue cristalino: todo dirigente con el poder de iniciar o terminar una guerra, o de usar la economía para oprimir a los pueblos, «deberá responder ante Dios» por sus actos. Con esta ceremonia, el pontificado de León XIV se perfila como un actor que exige a la comunidad internacional abandonar la pasividad y comprometerse activamente con la pacificación.