Las negociaciones para la histórica integración entre la firma catalana y el coloso estadounidense entran en su recta final. El regulador español confirma la viabilidad de mantener la cotización nacional, mientras se debate el futuro estratégico de la sede en Barcelona.

La posible fusión entre Puig y Estée Lauder ha dejado de ser un simple rumor de mercado para convertirse en una operación de calado que podría redefinir el sector de la cosmética a nivel mundial y dejar una profunda huella en la economía española y catalana. Con las negociaciones en un punto crítico, uno de los grandes interrogantes que planean sobre el acuerdo es qué ocurrirá con la presencia bursátil de la compañía resultante.
Luz verde a la doble cotización
Puig no es un actor menor: forma parte del selectivo Ibex 35 y cuenta con una capitalización bursátil de 9.850 millones de euros, a pesar de que sus acciones han sufrido un retroceso del 31% desde su esperado toque de campana. Por este motivo, retener su cotización en España es una prioridad máxima para los círculos económicos y políticos del país.
Desde la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) siguen con lupa las reuniones al más alto nivel que ambas familias empresariales están manteniendo en Nueva York. Fuentes del regulador han lanzado un mensaje de tranquilidad: la legislación española permite perfectamente que una compañía opere simultáneamente en el mercado estadounidense y en el español. * Los precedentes: Fórmulas de doble cotización internacional ya funcionan con éxito en la bolsa española, con gigantes consolidados como IAG (aerolíneas) o Arcelor (siderurgia).
- La hoja de ruta: Los analistas financieros anticipan que la operación tomará la forma de una Oferta Pública de Adquisición (OPA) de Estée Lauder sobre Puig, pagadera en efectivo y acciones. Aunque el debut de la nueva entidad unificada se realizaría en la Bolsa de Nueva York, la puerta a negociar los títulos en España está completamente abierta.
El pulso por el poder territorial: ¿Barcelona o París?
Más allá de los parqués bursátiles, la otra gran batalla de esta fusión se libra en el terreno corporativo. Actualmente, el corazón operativo de Puig late en L’Hospitalet de Llobregat (Barcelona), un centro neurálgico que agrupa a cientos de empleados y concentra la toma de decisiones. Por su parte, Estée Lauder dirige su estrategia europea desde una imponente sede en París.
El encaje de estas dos macroestructuras está en el centro de las conversaciones. Según ha trascendido, sobre la mesa está el reparto territorial por líneas de negocio específico (tales como maquillaje, perfumería o cuidado de la piel).
Aunque las piezas del puzle aún deben encajar, todo apunta a que Barcelona conservará un peso corporativo de máxima relevancia dentro del nuevo conglomerado mundial. Se trata de un detalle que no pasa desapercibido para las autoridades públicas, que mantienen la operación bajo su radar conscientes del impacto estratégico que la firma catalana tiene en el tejido industrial y económico nacional.