Brigitte Bardot, la legendaria actriz francesa considerada símbolo de la liberación sexual de mediados del siglo XX y destacada activista por la protección de los animales, ha muerto a los 91 años de edad. La noticia fue anunciada este domingo por la Fundación Brigitte Bardot mediante un comunicado en el que expresó “inmensa tristeza” por el fallecimiento de su fundadora y presidenta. Bardot, conocida mundialmente por sus iniciales B.B., falleció en horas de la mañana en La Madrague, su residencia en Saint-Tropez, en la Costa Azul francesa, acompañada por su esposo Bernard d’Ormale. La actriz llevaba más de cincuenta años alejada de la gran pantalla, tras haber abandonado el cine en 1973 para dedicarse de lleno a la causa animalista.

Brigitte Bardot, la legendaria actriz francesa considerada símbolo de la liberación sexual de mediados del siglo XX y destacada activista por la protección de los animales, ha muerto a los 91 años de edad. La noticia fue anunciada este domingo por la Fundación Brigitte Bardot mediante un comunicado en el que expresó “inmensa tristeza” por el fallecimiento de su fundadora y presidenta. Bardot, conocida mundialmente por sus iniciales B.B., falleció en horas de la mañana en La Madrague, su residencia en Saint-Tropez, en la Costa Azul francesa, acompañada por su esposo Bernard d’Ormale. La actriz llevaba más de cincuenta años alejada de la gran pantalla, tras haber abandonado el cine en 1973 para dedicarse de lleno a la causa animalista.
La muerte de Bardot ha provocado reacciones inmediatas en Francia y el mundo. El presidente francés Emmanuel Macron lamentó la pérdida de “una leyenda del siglo” y recordó cómo “sus películas, su voz, su fama deslumbrante y su generosa pasión por los animales” convirtieron a Bardot en un símbolo nacional. También la líder de la derecha populista, Marine Le Pen, a quien Bardot había apoyado en los últimos años, rindió homenaje a “una mujer excepcional, libre e indomable” que renunció a una carrera cinematográfica estelar para defender a los animales hasta su último aliento. A las puertas de la villa de Bardot en Saint-Tropez, numerosos admiradores dejaron flores y fotografías en señal de duelo, recordando a la actriz que definió una era.
Icono del cine y mito del siglo XX
Nacida en París el 28 de septiembre de 1934 en el seno de una familia burguesa, Brigitte Bardot mostró desde joven aptitudes para la danza y el modelaje. Debutó en el cine con apenas 18 años, pero fue su papel de Juliette en Et Dieu… créa la femme (“Y Dios creó a la mujer”, 1956), dirigida por Roger Vadim –su primer marido–, el que la lanzó al estrellato internacional. Aquella película escandalizó a los conservadores por su sensualidad libre y desenfadada, a la vez que fascinó al mundo presentando a Bardot como una sex-symbol de la modernidad. Su inolvidable baile descalza sobre una mesa al ritmo de mambo en una escena de ese filme se convirtió en un momento icónico del cine y marcó el inicio del mito de “B.B.”.
A finales de los años 50 y durante los 60, Bardot protagonizó cerca de 50 películas y se convirtió en la actriz francesa más famosa de su época, adorada dentro y fuera de su país. Simone de Beauvoir llegó a describirla entonces como “la locomotora de la historia de las mujeres” por su espíritu de independencia. En 1960 Bardot ganó el premio David di Donatello a la mejor actriz extranjera por La vérité (“La verdad”), de Henri-Georges Clouzot, consolidando también cierto reconocimiento crítico. Bajo las órdenes de Jean-Luc Godard protagonizó Le mépris (“El desprecio”, 1963), considerada una obra maestra del cine. En la célebre escena inicial de esa película, Bardot aparece recostada desnuda enumerando con picardía partes de su cuerpo, un pasaje rompedor para la época que quedó grabado en la historia del séptimo arte. Su enorme fama traspasó fronteras al punto que el general Charles de Gaulle la calificó irónicamente como “un artículo de exportación francés tan importante como los automóviles Renault”, subrayando la proyección internacional de la estrella.
La popularidad de Brigitte Bardot no se limitó al cine. Convertida en fenómeno de masas, inspiró canciones –como una samba brasileña de Jorge Veiga en 1961 que repetía “Brigitte Bardot, Bardot…” reflejando la fascinación global por ella– y también probó suerte en la música. Durante la década de 1960 grabó más de 60 canciones e incluso colaboró con el cantautor Serge Gainsbourg, con quien tuvo un sonado romance. De esa unión artística surgieron éxitos del pop francés como Harley Davidson, Bonnie and Clyde o el provocativo tema Je t’aime… moi non plus, cuya versión original juntos en 1967 fue considerada demasiado escandalosa y permaneció inédita hasta casi dos décadas después. Para entonces, Bardot ya era un rostro omnipresente en la prensa del corazón, perseguida por los paparazzi y comparada por algunos con Marilyn Monroe por su belleza deslumbrante y vida sentimental tumultuosa.
Retirada del cine y entrega a los animales
En 1973, en el apogeo de su carrera y con solo 38 años, Brigitte Bardot tomó por sorpresa al mundo al anunciar su retiro definitivo del cine. Cansada de la fama y, según sus propias palabras, “harta de esa vida superficial y vacía”, dio un paso atrás de los focos tras haber trabajado en 47 películas. A partir de entonces concentró todas sus energías en una nueva misión: la defensa de los animales, una causa que ya asomaba en su vida incluso antes de dejar la actuación. En 1962, con apenas 28 años y siendo una superestrella, Bardot había participado en un popular programa de la televisión francesa para exigir métodos más humanitarios en los mataderos, demostrando tempranamente su compromiso con el bienestar animal.
Un episodio ocurrido durante el rodaje de su última película, L’histoire très bonne et très joyeuse de Colinot Trousse-Chemise (1973), parece simbolizar esa transformación. En el set había una cabra que, al terminar la filmación, iba a ser sacrificada para cocinar. Bardot, horrorizada, compró el animal y se lo llevó para salvarlo –incluso lo alojó en su propio hotel–. Este gesto marcó el inicio de su faceta más altruista. En 1986 creó la Fundación Brigitte Bardot para la protección de los animales, financiándola en parte subastando joyas, vestidos y objetos personales de su época de artista. Desde entonces se convirtió en una activista incansable en defensa de criaturas domésticas y salvajes: lideró campañas exitosas contra la caza de focas bebés en Canadá, denunció la matanza de elefantes por el marfil, luchó contra las corridas de toros y logró que en Francia se prohibiera el consumo de carne de caballo. También alzó la voz contra la experimentación científica con animales y cualquier forma de maltrato.
La dedicación de Bardot a esta causa le ganó admiración en el movimiento animalista a nivel mundial. Ingrid Newkirk, cofundadora de PETA, la describió como “un ángel para los animales que lo dio todo y sacrificó todo por un mundo más respetuoso con los seres vivos”. Bardot pasó sus últimas décadas alejada del bullicio de París, viviendo entre su amada propiedad de La Madrague y otra casa rural en el sur de Francia llamada La Garrigue, rodeada de caballos, perros, gatos y todo tipo ofrfa de animales rescatados. Su Fundación, que hoy continúa activa, destacó en su mensaje de despedida que “su legado perdurará a través de las acciones y luchas” que ellos seguirán llevando a cabo en su nombre.
Polémicas en sus últimos años
Franca y sin filtros, Brigitte Bardot también fue protagonista de fuertes controversias en las últimas décadas de su vida. Sus opiniones políticamente incorrectas la pusieron en el centro de la polémica en múltiples ocasiones. Desde los años 90 expresó abiertamente posturas contrarias a la inmigración musulmana en Francia y llegó a criticar duramente rituales religiosos como la fiesta del cordero, lo que le acarreó problemas legales. Bardot fue condenada en al menos cinco ocasiones por “incitación al odio racial” debido a comentarios considerados ofensivos hacia colectivos musulmanes, y multada por los tribunales franceses. Lejos de retractarse, afirmó que “la libertad es ser uno mismo, incluso cuando incomoda”, tal como escribió en el epílogo de uno de sus libros recientes. También generó rechazo al desmarcarse del feminismo contemporáneo: calificó de “hipócritas” a muchas denunciantes del movimiento #MeToo, alegando que en el mundo del cine “muchas actrices seducen a los productores para conseguir un papel”. Ya octogenaria, volvió a levantar polvareda al declararse en contra de las vacunas contra la Covid-19, asegurando que era alérgica a “todos los productos químicos” y minimizando los efectos del virus.
Pese a estas posturas polémicas –que hicieron que algunos se distanciaran de la figura pública de Bardot en sus últimos años–, nada opacó totalmente el brillo de su leyenda cinematográfica ni su condición de referente cultural de Francia. Su rostro llegó a ser utilizado como símbolo de Marianne (la alegoría de la República Francesa) en los años 1970, y sigue siendo una de las imágenes más reconocibles del siglo XX. Para muchos, Brigitte Bardot encarnó la libertad y la rebeldía: primero, como joven estrella que rompió moldes y vivió según sus propias reglas desafiando las convenciones sociales; y después, como activista apasionada que alzó su voz por quienes no la tenían.
Hoy, Francia despide a Brigitte Bardot con honores de mito. Deja atrás una vida de película: fue la mujer que definió un ideal de sensualidad y autonomía en su juventud, y que luego dedicó décadas a luchar por un ideal de compasión hacia los animales. Su legado perdura tanto en la historia del cine –con escenas inmortales y personajes inolvidables– como en cada avance logrado en nombre de los derechos de los animales. Bardot se apaga a los 91 años, pero la huella que deja en la cultura y la conciencia colectiva difícilmente podrá borrarse.