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El oro se hunde y el petróleo vuela a 108 dólares: el mercado entra en pánico tras el último aviso de Trump sobre Irán

Paradójicamente, el mayor conflicto armado de las últimas décadas en Oriente Medio no está impulsando al principal activo refugio del mundo. Mientras el oro firma su peor caída mensual desde la crisis de 2008, el crudo se dispara ante la inminencia de nuevas ofensivas militares.

Mientras los valores tradicionales fluctúan a la baja, el sector energético se prepara para ganancias récord derivadas del encarecimiento del barril de Brent.

Los mercados financieros mundiales atraviesan un episodio de extrema volatilidad marcado por el ritmo de los tambores de guerra. Tras el último discurso del presidente Donald Trump, en el que anticipó nuevas operaciones militares contra Irán en las próximas semanas, la reacción en las bolsas ha sido inmediata: el miedo ha disparado el precio del petróleo casi un 7%, alcanzando la peligrosa cota de los 108 dólares por barril.

Sin embargo, el dato más desconcertante para los inversores es el desplome del oro. Acostumbrado a brillar en tiempos de pánico, el metal amarillo cerró marzo con un desplome cercano al 12%, su peor registro desde el estallido de la crisis financiera de 2008. Ayer, su precio al contado volvió a caer un 2,7% y sus futuros retrocedieron un 3,4%.

¿Por qué cae el oro en plena guerra?

Que el activo refugio por excelencia pierda valor en el pico de mayor incertidumbre global parece un sinsentido, pero los analistas apuntan a tres causas clave que explican esta anomalía:

  • Burbuja previa y recogida de beneficios: Antes del estallido del conflicto iraní, el oro ya había encadenado máximos históricos. Los inversores, que huían de una renta variable encarecida por la inteligencia artificial, sobrecompraron el metal. Ahora, al estar tan caro, muchos han optado por vender y asegurar ganancias.
  • El resurgir de la renta fija: La guerra ha disparado el rendimiento de los bonos soberanos, convirtiéndolos en el nuevo refugio de moda. El bono estadounidense a diez años ya ofrece un jugoso 4,3%, y la deuda japonesa ha tocado un máximo histórico del 2,3%.
  • La amenaza de los tipos de interés: Un petróleo a 108 dólares es sinónimo de inflación. Para combatirla, los bancos centrales se verán forzados a subir los tipos de interés. Cuando el dinero en el banco da más rentabilidad, mantener oro (que no genera intereses ni dividendos) deja de ser atractivo.

El negocio del crudo vs. el colapso aéreo

El encarecimiento de la energía está partiendo la economía en dos. Por un lado, las grandes petroleras son las grandes beneficiadas del conflicto. Según la consultora T&E, el sector podría embolsarse unos 24.000 millones de euros en «beneficios caídos del cielo» este año.

En la otra cara de la moneda están las aerolíneas. El sector se enfrenta a un verano negro, con serias amenazas de cancelaciones masivas de rutas, ya que se espera que el último gran cargamento de queroseno llegue a Europa a mediados de abril, dejando el suministro pendiendo de un hilo.

Temblores en Wall Street y el fantasma del crédito privado

El nerviosismo también ha contagiado a la renta variable. Ayer, Wall Street abrió en rojo y las principales plazas europeas cerraron con pérdidas (Frankfurt -0,79%, París -0,24%, Milán -0,20% e Ibex -0,14%).

Pero el verdadero nubarrón que preocupa a los inversores institucionales viene del crédito privado en EE. UU. La gestora Blue Owl desató las alarmas al bloquear los retiros de capital en dos de sus fondos minoristas, lo que hundió sus acciones un 8,6% hasta mínimos históricos. El pánico arrastró a gigantes del sector como Blackstone, KKR, Apollo Global y Carlyle Group, que sufrieron caídas de hasta el 5,5%. En lo que va de año, la incertidumbre ya ha borrado 132.000 millones de dólares del valor bursátil de estas grandes firmas.